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Apartat 2.2 · Lengua castellana y literatura 2023, convocatòria ordinària

Enunciat, part 1 Enunciat, part 2
Text de l'enunciat

2.2. Rellene los espacios en blanco con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso.

[1 punto]

a) ___________ (Infringió / Infligió) a su rival un duro castigo.

b) Todos los asistentes a la reunión se ___________ (revelaron / rebelaron) contra el nuevo decreto.

c) Dejó ___________ (inerme / inerte) al jabalí de un disparo.

d) Me ___________ ( desternillo / destornillo) de risa con Juan.

OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

El dicho «con la Iglesia hemos topado» forma parte de las locuciones populares y se aplica a situaciones en que algo poderoso se interpone entre una persona y sus deseos; a menudo la propia Iglesia. Pero se equivocará quien la atribuya textualmente al Quijote. En efecto, cuando Sancho y Alonso Quijano se afanan en encontrar el palacio donde sin duda vive Dulcinea y avanzan a oscuras («media noche era por filo»), el caballero toca un muro y dice: «Con la iglesia hemos dado, Sancho».

Por tanto, ahí la oración carece de doble sentido: no significa que la Iglesia, como institución se oponga a algo, sino que ambos personajes han encontrado la iglesia —con minúscula— de El Toboso. La sabiduría de los hablantes añadió con el tiempo esa segunda intención tan apropiada para muchos casos.

Algo parecido ocurrió con «sostenella y no enmendalla», cuya invención se atribuye a Guillén de Castro en su obra Las mocedades del Cid (1618), donde se escenifica cómo el conde Lozano prefiere batirse en duelo antes que reconocer un error. También el tiempo la corrigió, porque aquel verso decía: «Esta opinión es honrada. / Procure siempre acertalla / el honrado y principal, / pero si la acierta mal, / defendella, y no enmendalla». (Defendella; que no sostenella, pues).

Curiosamente, durante siglos nadie volvió a escribir esa locución. O al menos no en ninguna de las obras volcadas a miles en el corpus académico y en los libros digitalizados por Google. Hasta que en 1905 la recoge Unamuno, en Vida de Don Quijote y Sancho, con cita correcta del original.

Los usos de nuestro más habitual «sostenella y no enmendalla» llegarían a principios del siglo xx. Hallo el primero, con el auxilio de Google, en 1916. Un texto de Ramiro de Maeztu en la muy difundida revista madrileña Nuevo Mundo incurre en el error de colocar sostenella en lugar de defendella al transcribir en una cita los versos originales de Guillén de Castro. Quizás ahí empezó la deriva, en la que caerían años más tarde autores como Pedro Laín Entralgo (1976) o Francisco Umbral (1991), lo cual tal vez sirvió para canonizarla como frase hecha (ambos la escriben sin remitirla a la obra del siglo xvii).

La variante con mantenella aparecerá en los años treinta. Y la emplea en 1937 el poeta anarquista Antonio Agraz: «Mantenella y no enmendalla, / célebre empeño español / causante de mil desgracias».

Hoy vemos que circulan las tres versiones: defendella —la original—, mantenella y sostenella (la parte de «no enmendalla» sigue firme a través de los siglos). Actualmente gana por poco en las estadísticas el uso de sostenella, mientras que defendella ocupa el segundo lugar, sin que mantenella ofrezca apenas presencia (la relación es de 7, 6 y 2).

Álex Grijelmo. «Mantenella, sostenella o defendella». El País (9 abril 2023), p. 64

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